Psicología clínica infantojuvenil · 6 a 17 años

Niños y adolescentes que se repliegan

Acompañamiento clínico para quienes viven el mundo social como una exigencia difícil de sostener.

El problema rara vez está dentro del niño.
Está en el ajuste entre cómo es y lo que se le pide.

Hay niños que en el colegio hablan poco, que evitan los cumpleaños, que vuelven agotados de un día que a otros no les pesa. Para muchos padres eso abre una pregunta incómoda: si hay que hacer algo, o si están forzando a su hijo a ser alguien que no es.

Parte de mi trabajo es ayudar a distinguirlo, porque no es lo mismo un niño reservado que un niño que sufre. La introversión es una manera de estar en el mundo y no requiere tratamiento. La ansiedad social sí: se reconoce porque hay evitación, malestar sostenido y una vida que se va estrechando. Confundirlas tiene costo en las dos direcciones — se trata a quien está bien, o se deja solo a quien no lo está.

Lo que dice la investigación

El estudio del temperamento infantil viene mostrando desde hace décadas que estas diferencias aparecen temprano y son razonablemente estables. El trabajo de Jerome Kagan sobre inhibición conductual —niños que ante lo desconocido reaccionan replegándose— es la referencia clásica: un rasgo identificable en los primeros años, no una consecuencia de la crianza ni algo que el niño elija.

Pero lo decisivo no es el temperamento en sí. Thomas y Chess lo llamaron bondad de ajuste: lo que determina si una característica se vuelve un problema es el encaje entre ese niño y el entorno que le toca. Un aula, una familia y un patio pueden hacer de un mismo rasgo una fortaleza o una fuente de sufrimiento.

Cómo trabajo

Por eso no trabajo para que un niño deje de ser quien es. Trabajo sobre ese ajuste, y eso son dos frentes a la vez.

Con él o ella, para que tenga recursos con que sostener lo que hoy lo desborda: reconocer lo que le pasa en el cuerpo antes de que sea desbordante, entrar a situaciones sociales por sus propios medios, sostener el malestar sin que la evitación se vuelva la única salida.

Y con los padres, que suelen llegar agotados de dudar entre empujar y proteger. Buena parte del trabajo es devolverles criterio: cuándo acompañar, cuándo dar espacio, y cómo hablar con el colegio cuando hace falta.

¿Reconoces a tu hijo o hija en esto?

Escríbeme y coordinamos una primera conversación. Sirve para entender qué está pasando y si tiene sentido trabajar juntos — sin compromiso de iniciar un proceso.

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Sesiones de 60 minutos · $50.000 · presenciales en La Concepción 56, Providencia
También por correo: matiasmouliatb@gmail.com

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