El problema rara vez está dentro del niño.
Está en el ajuste entre cómo es y lo que se le pide.
Hay niños que en el colegio hablan poco, que evitan los cumpleaños, que vuelven agotados de un día que a otros no les pesa. Para muchos padres eso abre una pregunta incómoda: si hay que hacer algo, o si están forzando a su hijo a ser alguien que no es.
Parte de mi trabajo es ayudar a distinguirlo, porque no es lo mismo un niño reservado que un niño que sufre. La introversión es una manera de estar en el mundo y no requiere tratamiento. La ansiedad social sí: se reconoce porque hay evitación, malestar sostenido y una vida que se va estrechando. Confundirlas tiene costo en las dos direcciones — se trata a quien está bien, o se deja solo a quien no lo está.
Lo que dice la investigación
El estudio del temperamento infantil viene mostrando desde hace décadas que estas diferencias aparecen temprano y son razonablemente estables. El trabajo de Jerome Kagan sobre inhibición conductual —niños que ante lo desconocido reaccionan replegándose— es la referencia clásica: un rasgo identificable en los primeros años, no una consecuencia de la crianza ni algo que el niño elija.
Pero lo decisivo no es el temperamento en sí. Thomas y Chess lo llamaron bondad de ajuste: lo que determina si una característica se vuelve un problema es el encaje entre ese niño y el entorno que le toca. Un aula, una familia y un patio pueden hacer de un mismo rasgo una fortaleza o una fuente de sufrimiento.
Cómo trabajo
Por eso no trabajo para que un niño deje de ser quien es. Trabajo sobre ese ajuste, y eso son dos frentes a la vez.
Con él o ella, para que tenga recursos con que sostener lo que hoy lo desborda: reconocer lo que le pasa en el cuerpo antes de que sea desbordante, entrar a situaciones sociales por sus propios medios, sostener el malestar sin que la evitación se vuelva la única salida.
Y con los padres, que suelen llegar agotados de dudar entre empujar y proteger. Buena parte del trabajo es devolverles criterio: cuándo acompañar, cuándo dar espacio, y cómo hablar con el colegio cuando hace falta.
¿Reconoces a tu hijo o hija en esto?
Escríbeme y coordinamos una primera conversación. Sirve para entender qué está pasando y si tiene sentido trabajar juntos — sin compromiso de iniciar un proceso.
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